sábado, 19 de septiembre de 2009

No rapsodia no bohemia

Mamá, maté a mi muela; todo fue muy lento, pero no pude reaccionar. No puedo volver sobre mis pasos, no sirve mirar hacia atrás. Nada se puede hacer, nadar contra la corriente es el precio a pagar por mis errores. No te veré llorar, yo sé que nadie llorará; ellos no lo entenderán, dirán que sólo es algo más, sólo una piedra sobre el césped del camino.

Perdóname, mamá. ¡No podré cumplir tantas promesas! Todo recién empezaba, pero ya nada será igual, las cosas han cambiado y así se quedarán. Sé que querías un genio, sólo un hombre de bien para este mundo de maldad, pero yo, mamá, no sé si podré resistir, no sé si podré perdonar, no sé si aprendí la lección. Mi muela no volverá si hago la guerra o vivo en paz. No volverá.

Tenías razón, mamá. ¡Tanto pensar en mi venganza! ¡Tanto engendrar revolución, jugar a la felicidad! ¡Los sueños no me dieron ni un centavo! Quizás mi crimen fue creer que había algo más allá de nuestras manos. Mi condena será vivir con estas malditas ganas de vivir que se aferran a mis pasos. Mañana me despertarás con otro beso acogedor, más allá de la ventana, la lluvia se anunciará y mi muela se perderá entre aguas turbias. Sé que a ti no te importará, pero no me perdonaré hasta convertirme en polvo, cuando no existan verdades, nada más que lamentar, cuando nada realmente importe.

lunes, 17 de agosto de 2009

La Visita del Olvido

Mis ojos se están secando, lloran y lloran, pero siguen secos. Nadie en casa, una y otra vez te busco, pero no, parece que te perdí en lo profundo de algún sueño nebuloso.

Parece que ya te llevó, parece que estoy solo otra vez. El olvido. El olvido lo hizo, mientras yo nada hacía, y sigue ahí, me persigue por los pasillos, apacible, y me dice que soy lento, que me va a alcanzar, que tendrá que empezar todo de nuevo.

¿Por qué es tan rápido? ¿Por qué ha decidido venir por mí, como evidencia y testimonio de esta infame muerte que me persigue? Otra vez me alcanza, lo siento acercarse, susurrarme al oído “Vivirás”. Es imposible huir, imposible gritar, porque ha vuelto el olvido, tal como yo volveré a ser tierra. “Serás testigo de mi misericordia, me quedaré contigo, te observaré, te extenderé mi mano cuando quieras soledad, cuando fracases, cuando te llenes de ira seré tu amigo; volaré con otro desdichado cuando por fin lo merezcas”. No le hablé, no dije nada, porque el olvido no escucha, no entiende, sólo imparte justicia entre quienes viven en la oscuridad, y entre quienes se han difuminado en la luz de sus vidas. El olvido no indulta, no es azaroso, no hace preguntas inútiles. Sólo aparece de pronto, nos respira en la nuca, y es entonces que nos damos cuenta del tiempo perdido. En definitiva, no le hablé, me encerré otra vez, busqué un buen comienzo, otro buen comienzo. Koko Stambuk lanzará disco solista. Lo gritaré a los cuatro vientos. Que el olvido nos perdone a los dos.

jueves, 23 de julio de 2009

Plan 9 desde el balcón.

Voy a ser el Edward Wood de los cuentos.

Mírame en una tarde joven, mojada de Julio. “Llueve a la antigua”, dirían esos antiguos que se fueron. Voy a apagar esa caja infernal, voy a dejar de esperar el Rin-Rin, mírame, mirando al balcón, parece que saldré a ver qué pasa. Ya no me mires, que me avergüenzo de mirar a esas dos jovencitas bajo la misma sombrilla, compartiéndola como mujeres amistosas. La acera contiene tanta agua, parece una piscina. Debería intentarlo, debería saltar, a ver si me sumerjo en un estanque infinito. Mejor las miro, se están besando. "Míralas, ellas son lo que no queremos ser, ellas desordenan, ellas no sirven". Todo lo que me dijeron era mentira, ellas son la salvación, me distraen del infierno a su alrededor. “Cabros de mierda” dirían esos cabros reprimidos que se convirtieron en "viejos de mierda".

Espera, suena el teléfono, lo iré a contestar, quizás sí, quizás esta vez sí. Levanto el aparato, ¿Qué me dice? “Hola, soy Lucas Barrios, si querés participar en el sorteo de una camio-…” No haré comentarios, no haré comentarios. Ahí está el balcón invitándome una vez más, iré a ver qué me tiene que contar. Míralas, ahí están de nuevo, esta vez en la esquina, se están despidiendo. Una de ellas se va. Se acabó su espectáculo libidinoso, me aburro. Voy a saltar. “Colorín colorado” dirían esos cuentistas que murieron. Mira a esa lesbiana observándome en la mitad de la calle, mientras se aleja de su amada, se distrae conmigo, al parecer le llaman la atención los suicidas. Mira a ese auto, son los señores carabineros en un patrullaje de rutina, mira como la atropellan por andar paveando, por andar mirando lo que no le importa, igual a mí, que la estuve mirando, mientras no me mataba. “Es la otra cara del espejo” diría alguien que se cree importante. No quiero que me involucren, yo nunca estuve, yo nunca quise saltar, yo me oculto. ¡Mira a mi maldita humanidad escondiéndose otra vez! Desde aquí escucho el llanto de la mujer amante, ¿Cuántas me habrían llorado de esa manera?

Mírame solo esa noche, ya retiraron el cuerpo, no hubo escándalo, nadie lo supo, desapareció la mujer de la sombrilla, no hay culpables. ¿Se habría armado revuelo si yo me hubiese lanzado a tiempo para evitar la tragedia? Hoy no podré dormir, ni al día siguiente, ni todos los que sigan al siguiente. ¿Cuántas noches felices habría vivido la mujer que yace en la morgue? Suena el teléfono, espero que no me llamen otra vez para saber del atropello.
-Aló, ¿Quién es?
-¿Eduardo? Soy yo, Gabi.
-¿Por qué llamas cuando ya se ha desatado la tragedia sobre tantas vidas?
-No sé de qué hablas, mira, sólo te llamo para decirte que reconsideré las cosas. Eduardo, yo sé que tú… -Cuelgo el teléfono, no quiero escucharla.
Por alguna razón no quiero volver a escucharla.

No quiero volver a levantarme de este sofá, mandaré a demoler ese balcón para evitar otra tragedia.

martes, 14 de julio de 2009

Las Horas Largas

A menudo te he visto caminar por aquí,
ligera y solitaria como el paso del tiempo;
tus huellas se borran de manera tan fácil
que parece que fueras un espectro de brisa.

¿Cuántas veces pasaste y yo no te vi?
¿Acaso te llevan los corceles del viento?
Tus ojos son tan tristes y tu mirada tan frágil,
que con sólo mirarte temo hacerte trizas.

Tu silueta dejó a mis palabras vacías,
atentas para actuar ante cualquier imprevisto;
se escaparon, huyeron, y ahora eres el objeto
de este joven cuentista y su mediocre poesía.

¿Dónde estabas en aquellos buenos días?
¿Por qué apareces ahora, sin previo aviso?
¿Qué escondes? Dime qué estás haciendo:
¿Por qué vienes ahora a interrumpir mi agonía?

¿A qué lugar te diriges, espíritu errante?
¿Por qué me saludas con actitud amistosa?
Tu soledad me inquieta, me absorbe, me intriga:
¿Te dormiste en los rieles de algún tren olvidado?

Se disipan mis dudas en aquellos instantes,
en que tú te distingues de entre todas las cosas;
parece que en esas horas se congela mi vida
y tú pareces una rosa descansando en el prado.

lunes, 6 de julio de 2009

Estás Muerto: 1º Parte

Todos me miran de lejos, como si viralmente se hubieran enterado de mi destino. Caprichosos son los motivos que me han traído a este escenario en este sexto piso, cerca de mi sala, y no tengo ánimo de contarlos… ¿Por qué hablo tan formal?

¡Ay! Me siento muy incómodo. Garrido me dijo que más o menos a esta hora nos encontraríamos, y que yo tendría suerte si podía volver a pararme.

Bueno, no lo veo, iré al pasillo de mi sala, a ver si allá estoy más tranquilo. Mientras camino escucho la voz de Nico…
-¡Estás muerto, Mallea!...
No es la única voz que lo dice, oigo varias que repiten lo mismo, algunas de ex-compañeros, otras vienen de perfectos desconocidos… ¿Es que no se puede mantener un secreto en este puto colegio?. Tengo que saludar a alguien ¿A quién?... Ahí está Barrientos, él nunca se burlaría de mí, me acercaré a él para cruzar algunas palabras y fingir que estoy tranquilo.
-¡Hola, Barrientos! ¿Cómo estás?
-Hola, yo bien ¿y tú?
-Súper bien… ¿Qué? ¿Tienen prueba?
-Emmm… sí…
¿Es idea mía o este silencio se hace muy largo? Mejor me voy.
-Bueno, nos vemos, ¡tengo cosas que hacer!
-Chao.
¡Guau! ¿Eso fue todo? No puedo creer que me encuentre caminando hacia mi pasillo otra vez… ¡Eso pareció otra de mis vacías conversaciones de Messenger! En todo caso, se notó que él ya sabe lo de Garrido y yo. Siendo de otra forma, me habría hablado de algo, no sé, ¡me siento tan solo!

Ya, parece que Garrido no va a aparecer, mejor entro a mi sala.
-¡Oiga! ¡Usted! Todavía no puede entrar a las salas, las tengo con llave, ahora salga del pasillo, que no he autorizado a nadie a entrar.
-¡Ah! Disculpe, inspector, es que nunca llego a esta hora.
¡Mierda! ¿Por qué me vine tan temprano? ¡Ah! Ahora voy a tener que estar deambulando… ¿Y si llega Garrido? No sé qué voy a hacer… No me quedará más que enfrentar como hombre lo que provoqué. ¡Uh! Espera. Ahí viene el Bulnes, él sabrá aconsejarme.
-Hola, David
-Buenas, ¿Cómo estamos?
-Bien, bien… Aquí… ¿Te acuerdas de lo que te conté del huevón que me quería pegar?
-Obvio que me acuerdo, ¡Tenís que sacarle la chucha!
-Huevón, me va a sacar la cresta. Es de tercero, es más alto que yo y más pesado.
-Emmm… No sé, ahí lo arreglas, chao que estís bien… Me voy a mi sala.
-Negro, no se puede entrar. El inspector no deja.
-Bueno… Emmm… Entonces me quedaré en el baño hasta que abran la sala.

¡Qué marica más grande! Si me muero, ojalá que se sienta culpable. Ni siquiera se despide. No quiero ir a ninguna parte, estoy bien aquí, al lado de estas escaleras. No quiero que nadie me vea, además, si Garrido sube, va a subir por el otro lado. ¿Quién es ese? ¡Camilo!... Este no me va a dejar solo.
-¡Camilo! ¡Qué gusto verte! –me sorprende lo exagerado que soy en estas situaciones.
-Hola, Mallea… Se suponía que estabas muerto.
-No, hombre… Oye, acompáñame un rato, es que si llega Garrido quiero estar acompañado.
-Dale, esperémoslo, de más que te arrancas o lo solucionas a la buena.
Mientras me dice esto, me siento bastante cobarde.
Camilo continúa:
-Oye, pero vamos a donde haya mejor vista de la otra escalera… Tal vez ya esté acá.
-Vamos. –digo, mientras finjo valentía.
Mientras caminamos, anhelo secretamente que Garrido no esté, que no llegue, que se haya olvidado de todo. Camilo dice un par de cosas que no entiendo por la ansiedad.
Por fin tenemos una perspectiva completa de nuestro piso.

Ahí está. Es Garrido, recién ha subido, está preguntando por mí. Estoy mirando a Camilo mientras guardo silencio.
-Huevón, enfréntalo, no seas gallina. -me dice.
-¡Pero es que me va a golpear, Camilo, me va a golpear! –me imagino lo amanerado que debe sonar eso.
-Ya, anda, huevón, te está mirando. ¡Todos te están mirando!
Mierda, tengo que ir.


Continuará

viernes, 19 de junio de 2009

Cualquier Carta de Junio

Aquí me tienes otra vez, fuera del anonimato de la ficción una vez más, reflexionando otra vez, declarándome otra vez, nuevamente solo.

Cualquier carta anónima e informal de Junio.

Nuestra despedida fue como una estocada en lo profundo de tu pecho. No fue lindo verte caer, fue una imagen horrible e indeseable, mezclada con mis sentimientos más sinceros, tal vez algo de odio hacia mí, a ti y a la situación, y un poco de pavor, sabiendo que lo que está por venir no es fácil. Te juro que hasta esa tarde, cada momento contigo fue hermoso. Te juro que esa tarde quise enterrarme y no volver a estar en ninguna parte. Espero que no nos separemos nunca más, pero esto tiene que ser así. Mi destino me está buscando y en este momento me siento salpicado por muchísima mierda. Saber que fue mi decisión sólo hace las cosas más difíciles.

Tú caíste esta vez. Tú has desaparecido esta vez, pero yo, yo sigo conmigo mismo y estoy entero. Tengo que correr, tengo que gritar, y hacer tantas cosas que no pude hacer cuando estuve a tiempo. Aunque te parezca irónico, me siento muy libre desde aquel maldito día, tengo en mente hacer muchas cosas, y me he librado de ese miedo al fracaso del que tanto te hablé. Ahora que no estás, realmente siento que no corro ningún riesgo cuando me lanzo a la tómbola del azar. Soy libre, no estoy arrepentido, tal vez sólo un poco más loco. Pero, Constanza, nunca creas que te he dejado atrás, porque mis oídos siempre estarán dispuestos a oírte, mis ojos siempre se sentirán felices de verte y la puerta de mi casa seguirá abierta para ti. Jamás dudes de mí, porque, al menos a tu lado, soy verdadero.

Te deseo buena suerte, y espero que, si quieres olvidar, lo hagas. También deseo que las cosas vuelvan a salirme bien. Ahora tengo mucho qué pensar y hacer; aún tenemos 15 ¿te acuerdas? …Ya vendrá otra mujer…

viernes, 29 de mayo de 2009

Animal Nocturno

Esta era una noche muy joven. Era una fiesta en mi casa, estábamos bebiendo y fumando todo lo que estaba a nuestro alcance. Sentado junto a los demás, en un lugar aleatorio del piso, perdí mis esperanzas temporalmente, pero mi borrosa vista me permitió divisar una última botella de algún licor oscuro. Intenté levantarme para beber de ese brebaje, pero fui incapaz de mantenerme en pie; amargado y triste, quise dormir, pero ante mi sorpresa, fui testigo de un espectáculo magnífico: el licor oscuro de la botella se convirtió en un extraño ñandú multicolor, que salió del recipiente, me miró desafiante y huyó corriendo, dejando una cálida estela a su paso, que contenía todos los colores imaginables. Una fuerza maravillosa me permitió responder al reto del plumífero. Salí de mi casa y seguí su pista; el ñandú se movía con soltura sobre los tejados de las casas. Desde la calle, yo lo miraba y lo desafiaba a bajar y enfrentarme; sin embargo, el animal no hacía más que correr rumbo a la playa. De pronto pensé que cuando el ñandú llegara a la playa, sería presa fácil, así que guardé silencio y lo seguí con sigilo. Mis planes eran ciertos: el ñandú bajó de los tejados y pisaba ya la arena de la bahía. Cuando llegué al lugar, la bestia se mostraba tímida, ambivalente; sonreí y me lancé hacia él, sin embargo, el ñandú se lanzó al mar. En ese momento pensé que el ave me había vencido, pero el ñandú no tardó en desesperarse y debió volver rápidamente a la orilla. Así las cosas, no fue difícil propinarle las 45 estocadas que eran necesarias para matarlo. Busqué trozos de madera errantes en las cercanías y con ellos hice una inmensa fogata. Cocinaría al ñandú e iría a casa… Algo salió terriblemente mal.

Hoy he amanecido en una habitación de hospital, con una resaca insoportable; doctores y policías me han rodeado toda la mañana. Sólo un detective se ha acercado a mí, para decirme que estoy acusado de quemar mi propia casa (¿quién me acusaría por eso?) luego de intentar ahogar a una mujer en la bañera y actuar de forma agresiva y bipolar (¿frente a un grupo de borrachos?). Escuché atónito todos los “presuntos cargos” que me imputaba el detective. Cuando él me permitió hacerle un par de preguntas, sólo atiné a hacer preguntas sobre el color de los ñandúes, y sobre el estado de la playa de la ciudad. Él respondió tímidamente que no hay ñandúes ni playa en Santiago. No supe si reír o llorar.

domingo, 3 de mayo de 2009

Clásico de Sábado

Barcelona.
Sábado 20 de noviembre de 2004.

Antoni miró el taxímetro y se dio cuenta de que marcaba todo lo que podían pagar; le hizo una seña a Iñaki, luego le dio el dinero al conductor y ambos bajaron del taxi. Aún les quedaba un buen trecho caminando, estaban a varios metros de la Universidad Politécnica. Era una tarde fría, pero aún así, Iñaki sólo llevaba encima su camiseta azul y granate, mientras que Antoni, mejor abrigado, estaba usando, encima de su camiseta, una chaqueta verde y su cuello estaba cubierto por su preciada bufanda, que entre los colores del F.C. Barcelona, enunciaba la leyenda “BRIGATE ROSSOBLU”. Caminaban con cierto optimismo, confiando en que su equipo derrotaría a los forasteros que venían de Madrid. Antoni había sufrido y gozado dos veces en su vida, de dieciséis años, la sensación de vivir un derbi desde las gradas. No podía esperar para estar ahí de nuevo.

Cinco minutos habían caminado sin hablar hasta que Antoni rompió el silencio:
-Tres a cero, seguro que el Barça gana tres a cero. Eto’o va a hacer dos y Ronaldinho va a hacer uno-.
Iñaki sólo hizo un gesto positivo con la cabeza, sonriendo. Luego guardaron silencio otra vez. Antoni tampoco estaba interesado en hablar. Tenía suficientes problemas y prefería refugiarse en si mismo. De pronto recordó todo lo que aquella semana le había hecho sentir. Recordó a Catalina diciéndole que quería seguir siendo sólo su amiga, el día anterior; recordó a su hermana menor, embarazada sin que sus padres lo supieran; recordó a su gato que el día anterior había aparecido muerto; su madre llorando por alguna razón desconocida y, finalmente, recordó a su abuela, susurrándole improperios en catalán, por ser distraído. Ese sábado, Antoni iba a apostar todas sus cartas en esa cancha. Antoni sintió que su suerte podía cambiar.

Antoni despertó de su letargo cuando estaba a pasos de entrar al Camp Nou. Podía sentirse el furor de los 96.905 espectadores que visitaron el estadio ese día, 96.905 almas que, tal vez, apostaron una semana de su vida ese sábado, 96.905 problemas, 96.905 pasiones concentradas en el mismo lugar, en el mismo partido de fútbol. 96.905 personas serían historia. Antes de pasar por la boletería, Iñaki se persignó; Antoni, por su parte, hizo lo mismo. Dios no estaría interesado en ese evento, pero habría ángeles jugando en esa cancha de fútbol, e imágenes demoníacas vestidas de blanco, tratando de marcar para el Real Madrid. Había mucho en juego esa noche. Ambos entraron a las instalaciones del estadio de fútbol más grande de Europa y se perdieron entre la multitud.

Pasaron cerca de 2 horas y media, y todos salían del estadio. Entre la masa, podían ser vistos. Ahí estaban Iñaki y Antoni: parecían personas totalmente distintas a las que habían entrado al Camp Nou hacía un rato. Iñaki tenía frío y quería vomitar pero sonreía, y Antoni era una persona feliz. Barcelona había ganado tres a cero y, a pesar de que el pronóstico de Antoni no había sido perfecto, el no podía sentirse más alegre.

La noche pasó y, al otro día, Antoni despertó. Yo no recuerdo el clima del 21 de noviembre de ese año -ni en Santiago ni en Barcelona-, pero Antoni no necesitó mirar el cielo para saberlo y recordarlo por siempre, porque para él salió el sol y fue un día hermoso. Apenas abrió los ojos, Antoni se sintió agradecido por poder vivir ese domingo y creyó que el sábado 20 de noviembre del año 2004 había sido el mejor día de su vida.

lunes, 16 de marzo de 2009

Tal Para Cual

Míralo: Ese, el de la camiseta negra, tirado en el pasto ahí abajo. Sí, ese. Se llama Luis, yo era su mejor amigo. ¿Lo viste?

En un día despejado, que ya se volvía noche, yo le presenté a Mónica. Nunca creí que se llevarían bien, mucho menos pensé en lo que pasaría después. Ya sabes lo que pasó. ¡Son tan felices! Me encantaría que Mónica no sufriera. Tú puedes ver lo feliz que está ahora y yo no quiero ser un aguafiestas, pero tú lo sabes: dinero es dinero.

Míralos. Sí, ella es la que está a su lado, se nota que lo ama. Nunca me expliqué el éxito de Luis con las mujeres. Es una lástima que no tenga la misma suerte en los negocios. ¡Míralos, hombre! No puedo creer que estén aquí, frente a mi propia casa; serían una excelente pareja; Es una lástima que el bastardo me haya fregado con los cheques. Tú me conoces, sabes que no disfruto con esto; los amo, tú sabes que los amo, pero no puedo fallarle al jefe. No puedes imaginar el dolor que siento, pero esto tiene que ser así.

No tengo el valor para hacerlo. Aquí está el maletín. Son billetes grandes, te lo aseguro, ya lo corroborarás; luego te entregaré los pasajes de avión. Ahora, aprieta el gatillo y terminemos con esto.

viernes, 13 de marzo de 2009

NO LLORES AHORA

No llores ahora, que me enredas el alma. Mañana, ella vendrá. Reza porque no te encuentre así: lloriqueando como marica y haciéndome llorar también a mí. Tú me lo has contado, a mí, que no sé nada. Tú buscabas consejos y yo sólo te presté mis oídos, para que te oyeran, y luego mi cuerpo, para recibir tu abrazo de angustia. Por favor no me agradezcas.

Ahora no; no llores ahora ni me abraces. Me declaro incapaz de darte un consuelo decente: Al primer contacto me uniré a tu llanto, que es lo único que siento, pues si he conocido realmente el amor y el dolor en la vida, ha sido por tus relatos sangrantes. Es demasiado el favor que me haces al contarme tu historia, no cuentes conmigo, no soy nadie. Alma en pena, no vengas a mí.

Vete a dormir, no llores esta noche; ya vendrán otras lunas para recibirlas sufriendo o volver a reír. Mañana ella vendrá con nosotros, no vendrá sola y lo sabes; yo sé que no te gustará tener los ojos de vidrio cuando llegue el momento, la oportunidad de cambiar tu retorcido destino. Olvida ese dolor que te encierra y libérate. No puedo ir más allá de las palabras. Tan sólo limpia tus ojos: será sólo un día. Luego, te juro que estaré a tu lado y podremos llorar los dos juntos, todo el tiempo que quieras, como amigos.

viernes, 6 de marzo de 2009

Retrospección

Consuelo era encantadora. Solíamos conversar tardes enteras. Nunca me cansé de ella, y ella siempre oía con paciencia todo lo que yo tenía que decir. Yo hablaba de esto y de aquello, creyendo que cada cosa que me sucedía era de suma importancia. Ella lucía siempre humilde y sumisa, su piel era melancólicamente pálida. Venía al parque con esos enigmáticos anteojos oscuros puestos y pocas veces se los quitaba. Cada vez que tuve la oportunidad de ver sus ojos quedé inexplicablemente perplejo, tentado, maldito, mientras mi boca continuaba hablando idioteces. Su cabello era claro y resplandeciente; yo lo confundía con el cielo cuando el sol empezaba a ocultarse. A pesar de mi verborrea incansable, ella tenía la habilidad de hablarme: Me hablaba de sus amigas, su casa, sus problemas, su gato, su vida. Cada palabra, cada sonido que su boca reproducía era un monumento a la sencillez, quizás también a la inocencia: La inocencia de quien podía haberlo tenido todo y que, sin embargo, se encontraba allí conmigo, compartiendo sus desventuras. Claro que yo no notaba eso entonces. Tal vez estaba perdido en su mirada; tal vez pensé que ella nunca se iría. Un día nublado, ella no vino a verme, ni al siguiente, ni en todo ese año, ni en este. Cada día en que ella no estaba fue un martirio. Hoy dejé de esperarla. Tal vez ella comprendió por fin que yo era un pendejo, un tonto maravillado simplemente por una apariencia de mujer perfecta. Quizás las descubrió: su perfección, su belleza. Tal vez pudo verlo todo y corrió a buscar su verdadero destino. Ese destino que no habría podido encontrar conmigo en ese banquillo de plaza. Ese destino que yo y mis problemas de niño insignificantes no habríamos podido divisar jamás. Sé que no volverá. Su lugar nunca debió ser ese parque, a la sombra del árbol. Sólo deseo que se encuentre bien.

lunes, 2 de marzo de 2009

Payaso

No por el dinero, sólo por amor al arte,
el payaso puso fin a su actuación.
Ni aplausos ni risas eran los de antes;
todo había cambiado, también su traje y su voz.

El payaso cumplió, se despidió y corrió
sin la rapidez de antaño, para salir de escena.
Luego se encerró, solo, en el tocador
para despejar su rostro con agua sucia y crema.

No tardó en salir sin su maquillaje
y acudió al llamado del dueño del circo.
Ya juntos los dos, el jefe dijo con coraje:
“Buena presentación, tengo que decirlo,
pero ya sabemos que no eres el de antes;
ve a buscar tus cosas, quedas despedido;
te dará tu cheque la señora Carmen.
¡Suerte! ¡Que Dios ilumine tu destino!”

El payaso siguió las órdenes del hombre
y de forma humilde se despidió de todos.
Se alejó del circo en un bus enorme,
para que un mago joven ocupara su trono.

Llegando a su casa las lágrimas brotaron,
no podía ocultar que estaba destrozado.
Ahora debía esconderse para ser olvidado.
Cuarenta años de circo eran parte del pasado.

Se acabó la función junto con el verano
y las fotos de su hogar tenían sabor amargo:
Días llenos de risas, una familia feliz;
ilusiones fantasmales que dejaron de existir.
¿Qué le esperaría por el resto del año?
¿Todo se quebraría, como lámina de mármol?
Sólo el lo sabía, lo sabe y lo sabrá,
un día partió hacia el norte y no lo vimos más.

viernes, 23 de enero de 2009

Fading

No cortes, no me dejes, sólo quédate ahí, desde donde estás sintiendo mi susurro. No me importa lo terrenal, sé que lo entiendes, yo te amo a ti, a esta inmensidad que nos separa y a esta maldita interferencia que es todo lo que tengo ahora de ti, y que me hace sentirte aún más lejos, dulce interferencia, dulce incertidumbre. No puedo oírte ni puedo saber si me hablas, yo te estoy hablando, aunque tus oídos no me escuchan, pero tu sabes que estoy aquí, y que en cierta forma siempre he estado contigo, que tú sigues siendo alguien y que somos algo. Somos algo aún. En mí vive la esperanza de que sepas que estoy contigo. Desde la inmensidad de lo tangible estoy contigo. No quiero perderte. Jamás desaparezca este zumbido incesante, jamás deje de separarnos la eternidad, jamás termine la última transmisión, así tenga que yacer por siempre siendo esclavo del mismo sonido, tu incierto silencio cada vez más pleno. Hasta que llegue mi momento, antes de ti. Antes de ti. Déjame soñar. Oigo en el vacío y no sé si estás aún, pero aún eres, siempre serás, porque siempre estaré contigo en cualquier forma. Déjame tener esa certeza.

No te vayas, no te vayas, dame hasta tu última palabra, tu último latido, tu última molécula de aire, el último vuelo de tus veintiún gramos de alma, y una vez que ese dolor inefable haya pasado por mí, sé que me observarás, hasta que sea mi turno y el último oído que me haya escuchado empiece a olvidarme. Entonces estaré contigo más que nunca y nada nos separará por fin, déjame tener fe en que algo saldrá bien. Quiero creer que me escuchas. Déjame creer que no me has dejado para siempre. Déjame soñar.

jueves, 15 de enero de 2009

Comunión

Nos dijeron que viviéramos al compás de los otros, que así nos esperaría un esplendoroso futuro. Cinco años pasaron y jamás te dejé, ni tú a mí, ni siquiera mis ojos desde los tuyos emprendieron vuelo. Los otros nos miraban, sin entrometerse entre nuestras miradas, se retorcían en su miseria, sabían quienes éramos. Te juré sin palabras que jamás te dejaría e intenté cumplirlo, solo contra todos ellos. Pero lograron alejarme de ti, me abatieron y te perdí. Otro día desperté. Sólo había vacío alrededor. No estabas tú, ellos estaban ahí, pero yo estaba sólo. Ellos dijeron que yo sería feliz si te olvidaba, me amaban, ellos me amaban. No les puse atención a ellos, ni al tiempo que destruía todo lo que podía ver. Como sólo me rodeaba el vacío, sólo después de muchos minutos pude darme cuenta de mi ceguera, había perdido mis ojos. Supuse que por eso no podría estar contigo jamás, tampoco podría llorar por ti ni buscarte. A la sombra del limbo sólo me tuve a mi, mis promesas rotas y a ese universo que sólo tenía sabor a ti. Deseé estar sordo también para no escucharlos hablar de amor, y perder el gusto para no saborear el vacío en el universo. Sólo deseaba volver a ti, y ellos, al verme tan triste, al amarme, sólo me llevaron hacia ti, así de simple fue todo. Hasta que por fin estuviste conmigo sólo quise verte, hasta que me ubicaron donde todo había terminado para nosotros, tú estabas ahí. Pude sentir mis ojos otra vez, siempre habían estado contigo, nunca se alejaron de los tuyos, tus ojos tan hermosos que pude ver de nuevo, y cada vez pude ver más hasta que nos unimos y fuimos el universo los dos, el universo que siempre fuiste tú para mí. Y nunca volví a verlos a ellos, ni a los otros, ni otra cosa que no fuéramos tú y yo, sólo tus ojos, el universo, sólo tú y yo.

El Final será Feliz

Deja de sufrir, descansa corazón,
el final será feliz, yo te lo prometo,
ahí estaré, fundiendo todo mi amor
en un eterno, imborrable y gran "Te quiero".

Yo no olvidaré tus lágrimas al Sol
que no alumbra nada en este breve firmamento.
Nadie te librará de mi furtiva bendición;
olvida desengaños, llantos y lamentos.

Haré que vueles libre, como un ruiseñor,
parecerá lejano hasta el más mínimo tormento.
De mi impagable deuda, hoy abono esta canción,
aunque pague lo que pague, sé que seguiré debiendo.

Tú gratificaste mis momentos con humor
y me llenaste de ira cuando tuviste que hacerlo.
Nuestra dura historia y tu ímpetu de gladiador
tendrán un final feliz, yo me encargaré de eso.

Iluminas muchos versos con tu sencillez,
sin querer eres farol en esta noche negra.
En tu gran aventura, soy un sabueso fiel
que trae un final feliz para está gran odisea.

No lo olvides nunca, jamás me vas a perder,
ni siquiera la muerte me alejará de tu silueta,
cuando la noche se perpetue, la oscuridad seré
y seré tu misma sombra cuando la luz haga presencia.

Las noches serán tranquilas bajo un manto de cometas,
los momentos serán tan dulces que parecerán de miel,
el final será feliz, desaparecerán todas las penas,
el universo brillará y tú lo harás también.

Perdona las amarguras, los odios, mis ofensas,
todo desaparecerá, será perfecto esta vez,
este poema no es igual a todas mis promesas,
el final será feliz. Este juramento no lo romperé.

Fin

"...Y fueron felices para siempre." enunció milagrosamente una voz divina, ignorando que el cuento de hadas tenía que terminar.

domingo, 14 de diciembre de 2008

El Lugar de las Emociones

Te seguí hasta tu departamento, en ese asqueroso edificio, donde vives merecidamente, por hacerme amarte tanto. Te vi cerrar la puerta y sentí que había llegado a mi ambiente. Hablé con el guardia, de larga barba blanca y ropajes milenarios; le di todo mi dinero y mis pertenencias metálicas, pidiéndole que me dejara vivir ahí por siempre. Él estuvo de acuerdo y me asignó la única habitación del último piso. Como el edificio no posee ascensor, debí recorrer la infinidad de peldaños de las despedazadas escaleras hasta que ya no había un lugar más alto en el edificio, sólo una puerta transparente que sobresalía entre los opacos muros. Entré a mi nuevo hogar, para jamás salir de ahí vivo. Las paredes y el suelo habían sido pintados con el color del cielo y lucían ilusiones e ideas increíbles que algún artista olvidado plasmó antes de encontrar la muerte. Nunca miré el techo, no recuerdo cómo era, nunca concebí una altura superior a aquella que dominaba. Los extraños designios que el antiguo morador perpetuó me hicieron soñar y vivir lo inesperable. Recibí las visitas más emocionantes: un día recibí al líder de alguna misteriosa secta circense, para luego compartir tertulias con los más importantes íconos vanguardistas europeos. Todo era sobrenatural en la modesta habitación, siempre iluminada por cierta luciérnaga omnipresente que nunca dejó de existir. No era yo capaz de distinguir un momento de otro, ni el día de la noche, ni el sueño de lo real. Cada día lo terminaba ebrio, ebrio de sensaciones inexplicables, irrepetibles. Entregado a esa voluntad incomparable, dejé de esperar tu llamada, y cuando ésta llegó, continuamente, cada cierto período de tiempo, no supe responder, no acudí. Un día, luego de despachar a un simpático hombre que no logró venderme su árbol rosa, sentí que lo había vivido todo, que no volvería a despertar ahí. Sólo dejé la puerta abierta, para que la curiosidad te condujera al interior, y cuando te vi, encantada, adentro, simplemente cerré la puerta por fuera y dejé que te impregnaras de felicidad, y de mi esencia, que te acompañaría por siempre. Di media vuelta y no te volví a ver.

AL NIÑO QUE ENLOQUECIÓ DE AMOR

A oscuro y ebrio destino han llegado
las sensaciones que el falso amanecer inspiró.
El pajarillo quiso volar de inmediato,
ignorando la fragilidad del corazón.

El viaje no prosperó y no hubo regreso al nido,
no tuviste perdón, flor de amor que no fue flor;
en el limbo de la pasión has caído,
rodeado de quienes no entendieron ese amor.

En tu ingrata realidad, enloqueciste finalmente,
no aguantaste más a la engañosa luz de luna
ni el impasible silencio de tu inerte confidente.

¿Y ese amor puro? ¿Acaso ya no lo sientes?
Sólo el poeta y tú lo saben, además de tu locura.
Sólo quedan campanadas lejanas y el final inminente.

sábado, 13 de diciembre de 2008

UN PASEO POR SANTIAGO

Camino por mi ciudad un largo trecho
para evitar sucumbir en el metro.
Mientras doy pasos largos, yo pienso:
"¿Es mi idea o el ambiente es muy denso?".

Soleado y colorido es el cielo,
el calor es agobiante y perverso,
busco en mi bolsillo lo poco que tengo
para comprar en un quiosco un refresco,
pero éste es tan dulce, dañino y espeso
que sólo hace el sudor más intenso.

Veo delincuentes que roban a luz de Sol,
y en la otra acera a jueces que no castigan,
ruego no ser atrapado por esa contradicción,
quiero seguir retratando a Santiago en un día.
Veo perros inmundos que corren, ladran y orinan
junto a vagabundos que son la ley en su esquina.
También padres de familia, queriendo trabajar,
mohicanos teñidos de furia en el bandejón central.

Este es el joven y glorioso Santiago,
puedo verlo parado, a la sombra de un árbol.
A ratos, turistas y la ciudad pintoresca, sonriendo,
luego un par de inmigrantes, llorando en su ghetto.
Mientras camino, me auspicia el sonido urbano
y los edificios monstruosos, de altísimos muros.
Reflexiono: Si hay sencillez y humildad en tus manos,
verás a Santiago, detrás de sus lentes oscuros.

Camino todavía, junto a casonas coloniales
opacadas por los fríos gigantes de concreto,
las penas de la gente, al Sol, parecen más reales
y las escasas sonrisas se pueden notar a lo lejos.
El cerro Santa Lucía alumbra con verdor mi camino
y parece un irónico recuerdo de que el color existe;
frente a él, un gran cartel que invita al consumismo,
frente a mí, las aceras del Santiago inconfundible.

Paseo en armonía, a ritmo contínuo, paso a paso,
bajo un ocaso florido y sobre colillas de cigarros.
Dentro de mí, la comida que las calles me ofrecen
y fuera, el humo que emanan las industrias libremente,
el amor de dos seres que se besan en la boca
y toda la pasión que esta gran ciudad evoca.

Con paciencia, espero un bus, con asientos,
que me haga volver a recorrer el sendero
que he vivido, y que impregna todo lo que hago,
y me lleve a casa, para desear volver a Santiago.

jueves, 4 de diciembre de 2008

32 Versos por el Verano

Quiero que sea Verano para ponerme a escribir,
mirar por mi ventana y ver al Sol, y a ti,
verte siendo libre, pelo al viento, sonrisa de miel,
y ver el espejo, enamorado, igual a mí se puede ver.

Espero el Verano, para encerrarme en mi hogar,
morir de calor, vivir por ti, desear estar afuera,
después salir, brindar y saborear nuestra libertad,
dormir luego de un día largo, pensando en lo que queda.

Sólo pido vivir este Verano como yo quiera,
que lo malo se muera, que las nubes se esfumen,
que camines cerca, que me mires siquiera,
que las ganas me sobren, que los sueños abunden.

Siento que el Verano es necesario, ¡un largo Verano!
para fatigarme del mundo y volver al televisor,
tirarme al suelo y sentir que el reloj corre en vano,
¡Quiero vivir todo eso!, ¡qué gran satisfacción!

Deseo el Verano con toda el alma, para soñar simplemente,
con amar, llorar, reir, besar tus finas manos,
ser felices los dos, temerle en serio a la muerte,
teñirme entero de cielo, vivir también tu Verano.

Quiero vivir el Verano y emborracharme con helado;
y bailar un nuevo ritmo, por cada nueva hora
tararear sin ningún sentido, contigo siempre a mi lado,
nuevas energías derrochadas, nuevas canciónes de moda.

¡Que venga el Verano!, ¡De éxtasis y melancolía!,
de bombitas de agua, ¡unas veinte por día!,
compartir lujosamente la sencillez de una piscina;
llamar a mis amigos y decirles que eres mía.

El Verano se acerca, con sus anécdotas y risas...
Amanecer en la calle sin nada, por lo menos con vida,
y luego sólo una convicción que llena y reanima:
Después de ese Verano vienen muchos todavía.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Cielo Agoniza

Ha caído la noche,
viene el temporal,
mi voz le responde
al grito del mar;
ya sólo escombros
quedan de mi altar
y veo que tu rostro
me quiere llevar.

La pena y el llanto
corren por mis venas,
y no me levanto,
vendrá la gangrena.

¡Qué pena se siente!
el mundo me ignora,
los sueños pendientes
mis lágrimas añoran.

Soy como un soldado
caído en batalla,
no importan mis actos,
tú eres mi medalla;
el cielo agoniza,
no quiero llorar,
apenas te siento,
tal vez ya no estás.

El cielo agoniza
y ya no hay palabras,
tus ojos me miran,
se escapa mi alma.

En unos momentos
la transmisión cesa,
todos los pigmentos
en negro se quedan.

Mis ojos se borran
y ya no te encuentro,
no percibo tu aroma
ni tus sentimientos;
el cielo agoniza,
sé que ya no hay más,
quiero ver tu sonrisa,
observarte y amar.

Entre los vientos puros,
asoma el huracán,
tu voz no la escucho,
tengo que marchar.

El cielo agoniza,
pronto no existirá,
el vacío se avecina,
ha llegado el final.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Antes del Crepúsculo

Verlos besarse, amarse, ser felices,
todo eso se hace insoportable para ti;
las primaveras coloridas, para ti son tan grises
junto a ellos, tus amigos, y su amor sin fin.

Tu esperanza silenciosa en el pasado,
tu iracundo fracaso en el presente,
ella, inocente de tu amor avasallado,
tú y tu mirada fría, turbia, impaciente.

Sí, eres su amigo cuando están a tu lado,
su amor prohibido en tus sueños imposibles,
su único enemigo cuando ella y él se están amando,
¿y tú? sólo el dolor de una herida imperceptible.

No puedes controlarte, ya no eres tú;
tu vida es ella, la quieres, no soportas
el grito de deseo, terrorífica inquietud,
sólo quieres gritar tu amor, muy lejos, a solas.

Sabes que el crepúsculo viene, ahí está;
que en un instante, sin remedio, aparecerán,
no habrá demonios ni ángeles, sólo amor o sangre,
locura de amor en resumen, ímpetu en forma de sable.

Cuando el crepúsculo llegue y ellos estén juntos,
no habrá palabras ni destino, solo un momento absoluto,
y luego, ¿todo o nada?, lo decidirán tus manos,
lo que dicte el frenesí, la cordura o tu amor olvidado.

lunes, 17 de noviembre de 2008

AL FINAL DE LA FILA

Al final de la fila estamos, esos somos, los últimos.
Sí, es así, no habrán segundas lecturas, nunca más.
No, no sentimos vergüenza de estar y sentirnos únicos,
vergüenza habría si fuésemos iguales a todos, quizás.

Al final de la fila, por sentir demasiado, por distinguirnos,
porque alguna vez te invitamos y dijiste “No”,
pero no nos cansamos, y nunca nos viste arrepentidos,
tal vez porque nos acostumbramos a tu indecisión.

Y así, junto a los míos, yo sigo mi infinito recorrido,
con mi papel de reparto, el de un punky sentimental,
sin primeros planos ni maquillaje, sólo modales sencillos
y sabiendo que soy mal mirado por ti y tu sociedad.

Cómo me encantaría que vinieras aquí, conmigo,
para que abras los ojos y veas que no es malo estar al final.
“Los últimos serán los primeros”, cierto personaje dijo,
él estaba equivocado, estamos al final, este es nuestro hogar.

No, no me arrepiento de mis cuestionables decisiones,
tampoco me arrepiento de haberme entregado a la austeridad.
Yo, nosotros, todos conocemos tus pobres temores,
esos, de bebé mimado, al sentimiento oculto en la oscuridad.

Llámame loco, si mis acciones son propias, según tú, de un loco;
por ahora me conformo con mi lugar en tu fila y con no estar solo.
La única certeza es que no renunciaré a esta eterna espera:
esa, bajo el sol, mientras la gente avanza y jamás se queda quieta.

Nuestras soberbias almas sumidas a esta humilde travesía;
la ironía de tu felicidad contra el orgullo de mi hidalguía;
tu incapacidad de posar tus ojos en la dualidad de nuestras vidas;
tu destino, mi incertidumbre; tú, al principio; yo, al final de la fila.

Al final de la fila, porque nunca tendremos prisa.
Al final de la fila, y siempre en el punto de mira.
Al final de la fila, como el tronco que flota a la deriva.
Al final de la fila, por la sencillez de la vida.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Dos

Observarte cada día, cada semana, cada mes, cada año que pasa, cada infinidad de tiempo, observarte en cualquier circunstancia, interactuar contigo, discutir y callar y soñar y sufrir, todo es para mí un dulce e intenso fracaso, una y otra vez, infinidad de veces. Mis medallas oxidadas y maltratadas por el tiempo, y que sólo son divisadas por ti, y que son despreciadas por la misma persona; mi máscara de indiferencia y celestial calma, que frente a ti se rompe y deja a la vista la debilidad del ser humano, mi debilidad; mis palabras que son sólo para sorprenderte, maravillarte en el más fabuloso de los casos, pero que aún así pueden no significar nada para ti, o tal vez te lo muestran todo y lo asumes en silencio, pensando que estoy loco. Una y otra vez y otra vez y otra; nada, nada y nada. Frente a ti ya no puedo fingir, no puedo estar en calma, no puedo ser frío, no puedo dejar de sentir, porque no me arrepiento de lo que soy, ni de los calificativos que puedas tener para mí, tampoco me arrepiento de haberte visto una vez y no poder despegar mis ojos de ti, no me arrepiento de que cada día sea una arriesgada travesía ni de que mi vida sea una silenciosa ruleta rusa; es más, me enorgullezco, me enorgullezco de mi fracaso, de mi pasión, me enorgullezco de cada ocasión en la que he mordido el polvo por ti, me enorgullezco de ti, de mí, de lo que somos, de lo que no somos, de lo que podamos ser o no ser; seremos dos mientras estés conmigo y yo pueda sentir lo que siento por ti, ojalá por siempre, ojalá por siempre, una y otra vez, todo el tiempo posible, mientras seamos dos.

lunes, 20 de octubre de 2008

Amor / Obra Mayor

Todo comenzó un Domingo absurdo
en que me detuve para ver pasar mi vida,
entonces pude oir tu grito sordo y mudo,
en instantes pude ver tu mirada que encandila;
te seguí, sí, como un ocioso vagabundo
caminando bajo el Sol, como una hormiga,
tu rastro tenía sabor a nuevos mundos,
tu olor era el del Sol de mediodía;
desde ese día no dejé sola ni un segundo,
te convertiste en mi cómplice, en mi guía,
mi reina, mi diosa, mi ícono de culto,
la herida en mi dolor, la musa en mi poesía.

Avanzó el tiempo, oí todos tus susurros
mientras mis deseos me ensordecían,
soñé con el futuro, inhibí mis impulsos,
amé verte brillar, odié tu lejanía,
mientras en mí crecía el amor absoluto
y la convicción de no quererte como amiga;
fuiste mi felicidad y mis temores ocultos,
también mi éxtasis, mi equilibrio y mi agonía.

Observarte es el mayor de los gustos,
oirte es escuchar las más bellas melodías,
tú me iluminaste en los lugares más oscuros,
tú hiciste acogedoras mis noches más frías;
aunque navegue solitario, en tu amor me hundo,
aunque tú no sepas nada, significas mi alegría,
mi brújula, mi norte, mi único rumbo,
mi sueño angustiante de infinita armonía.

martes, 14 de octubre de 2008

Sábado Soleado

La vi partir con él rumbo al oriente
caminando, mano en mano, llena de felicidad;
de pronto ella me miró con ojos indiferentes,
yo la miré también, fingiendo tranquilidad.

Él no tardó en mirarme, esbozando una sonrisa,
me sentí encarcelado, quise correr, huir.
La observé antes de escapar, ella no comprendía,
yo sólo podía entender que la perdí

jueves, 9 de octubre de 2008

Parábola del Sentimiento

Ella no se enamoró de él,
se enamoró de sus razgos femeninos;
él no se enamoró de ella,
se enamoró de su cabello teñido;
ella no se enamoró de él,
se enamoró de cómo bailaba;
él no se enamoró de ella,
entre ellos no podía haber nada;
ella no se enamoró de él,
se enamoró de su moto arreglada;
él no se enamoró de ella,
se enamoró de la ropa que usaba;
ella no se enamoró de él,
se enamoró de su predisposición;
él no se enamoró de ella,
se enamoró de su falso pudor.

Dos seres degradados, sólo eso existía,
y una unión patética, antojadiza e impía,
sólo existían dos seres degradados
que sólo sentían sentimientos semihumanos;
únicamente primaba el instinto,
y lo que nos hace íntegros, eso distaba
tal vez porque estaba conmigo,
el observador pasivo de una generación arruinada;
ella no se enamoró de él,
pero sera feliz, por lo menos;
él no se enamoró de ella,
pero hoy, ¿qué importa eso?

Los sentimientos importan, quizás,
pero ya no son naturales,
las noches se enfrían cada vez más
y las finales se definen en penales;
falta odio, frialdad, amor,
bondad, interés, lucha interior,
ímpetu, enfoque, poner corazón,
tal vez un aviso que imponga temor.

Ya no hay derecho, la chispa se pierde,
no hay nada de nada, ni frío ni calor,
ya todo es tibio, el letargo nos mueve,
tal vez falte un ángel que vomite pasión.

jueves, 2 de octubre de 2008

Apágalo Todo

Apágalo todo, prende tu mente
y ven a caer conmigo en parapente,
si quieres vuela como Peter Pan
y si eso no te gusta sobra variedad.
Encontrarás nuevas cosas, mil maravillas,
podrás hacer snowboard sobre una silla,
tomarte el mejor vino de todas mis viñas,
y si te queda tiempo, buscarte la vida.

Apágalo todo, prende tu mente,
no sientas miedo, yo estoy a tu lado;
moja a la ministra groseramente,
igual tus reclamos no serán escuchados
aunque la cagaste, fuiste valiente;
ahora busca colegio, ya fuiste expulsado.

Apágalo todo, prende tu mente,
haz lo que quieras, mas sé persistente,
olvida el futuro, vive en el presente,
y trata de vestirte “como la gente”;
ya no se qué decirte, sinceramente,
si me acompañas será diferente.
“Apágalo todo, prende tu mente”,
esa fue mi consigna en la acera de enfrente,
como tú puedes ver, no conseguí nada,
soldado vivito, sirve en otra batalla,
batallas perdidas, batallas ganadas,
rifles, metralletas, pistolas, granadas.

Apágalo todo, prende tu mente,
esa es mi receta para creerme la muerte,
por favor no te vayas, ¡camarada, detente!,
si no te convenzo, al menos sé paciente.
Cambiaremos el mundo, la llevaremos,
seremos contundentes como diez truenos,
seremos energía, la de cien fusibles,
si tú nos ayudas seremos invencibles.

Apágalo todo, prende tu mente,
todo es imposible, lo imposible es frecuente;
iremos al pasado con displicencia,
para ir al paraíso y ver cómo se siente,
también para matar al Señor de la Querencia
y de paso robarnos toda la herencia.

Colega y amigo, la victoria se huele,
si huele a limón, venceremos mil veces,
si huele a esa mierda que sale en la tele
apágalo todo y prende tu mente,
ahora me retiro, ven tú si quieres,
pero primero en Messenger, ponte “Ausente”,
si no quieres, huye, vive como un zar,
si no tienes plata, te deseamos suerte;
si el intenso ruido no te deja escuchar,
apágalo todo y prende tu mente

sábado, 27 de septiembre de 2008

La Tostada Más Bella

Parece una broma el hecho de que hasta hace unas horas, yo no hubiese sospechado nada. Me parece un chiste recordarlo todo y creer que nada tuvo sentido, que todo fue repentino, que hasta este momento no entiendo lo que pasó. Por mi mente han pasado todos los momentos de aquel día, unas mil veces he visto cada detalle. Me río, quizás por la tristeza o por la nostalgia al pensar en esos últimos momentos perdidos en el tiempo. El día comenzó cuando me levanté de mis blandos aposentos, exaltado por los intensos dolores en mi pecho, mas no les di importancia, continué llevando a cabo mi rol en la obra teatral llamada “Rutina”. Al salir de mi cuarto encontré en la mesa de comedor cosas que me sorprendían, estaba servido el desayuno y, obligado por la cortesía, tuve que sentarme, sabía que el desayuno era para mí, ya que había café y pan; no era uno de esos desayunos fastuosos e inacabables que solían comer los demás integrantes de la familia. Era un café y cuatro tostadas. Bebí el café sin saborearlo y luego, empujado por un apuro sin razón, decidí que sólo comería una rebanada de pan, escogí la más bella y salí de inmediato por la puerta de mi casa masticándola aún, antes de llegar a la primera esquina, la magnífica tostada yacía degradada en mi estómago. Me sentía extrañado, era como si fuera sólo un espectador de mis propias acciones, me llene pronto de muchas interrogantes: ¿Por qué había salido de mi casa apurado sin haber saludado a nadie, sin haberme despedido?, ¿Qué hacía caminando por la calle en la mañana de un Martes, dejando de lado mis obligaciones, vestido todavía de pijama?, y ese dolor en mi pecho regresando para hacer daño, y yo, que realmente no entendía nada, y el extraño recuerdo de cuando escogí la pieza de pan más bella. Aún no sé por qué no me planteé en ningún momento la opción de dar marcha atrás y volver a casa, sólo se me presentaba la idea de seguir caminando, descubriendo lugares desconocidos. Al pasar cerca de una pileta vi un grupo de niños pequeños, que jugaba, con la alegría inocente de quienes no saben de preocupaciones.
Seguí caminando mientras veía pasar por mi mente la escena del desayuno que había consumido y la tostada que había elegido por sobre las otras, volvía ese recuerdo a mi mente cada vez más frecuentemente, mientras el dolor del pecho se hacía ya insoportable. Había perdido la noción del tiempo, probablemente habían pasado ya muchas horas, quizás ya había pasado la hora de almuerzo, entonces intuí que no volvería a casa y me sentí arrepentido por no haberme despedido de mis familiares, además estaba perdido, en ese momento noté un cambio en mí, como si hubiese retomado el control de mis actos, pero no había caso, el dolor de mi pecho era estrangulador, ya conocía el final de la historia. Quisiera descifrar mi relato, camarada, pero no hay explicación para los sucesos anteriores, tampoco para lo siguiente. Me sentí encarcelado por el dolor, mientras mi corazón buscaba la salida de mi cuerpo terrenal y mi mente recordaba la hermosa marraqueta que mi boca saboreó durante la mañana. Llegué corriendo a los campos de cultivo, me sentí abrumado por el Sol, el viento, los trigales que chocaban entre sí, ¡El Calor!, yo estaba ahogado, el causante podía ser la temperatura del ambiente o talvez ese intenso dolor que me acompañaba desde hacía un buen rato, o ambas cosas. Dejé de correr cuando divisé el canal de regadío a unos pasos de mí, lucía tan sucio y turbio como yo. Inicialmente lo dudé, pero luego estuve de acuerdo conmigo mismo en que sería un buen final para todo esto, así que corrí como no habría podido hacerlo nunca antes, a la vez que mi corazón me dedicaba su último latido y mi pulmón derecho, con mucho esfuerzo, se despedía con el último suspiro. Lo último que recuerdo de esa dimensión es el tsunami de emociones perdidas qué provoqué en el diminuto canal, un contraste prodigioso, y el sabor de ese último pedazo de pan, el más bello, la última sensación que podré recordar, el último bocado real de vida que pude escoger y sentir.

sábado, 20 de septiembre de 2008

LOSER

Aparezco en una casa que me resulta familiar, con gente que no reconozco, pero que se me hace conocida, me siento bien aquí, no deseo irme, ¡me siento tan seguro! Pero es hora de salir, no puedo estar ahí toda la vida. Salgo a caminar, doy unos pasos y te veo: estás sentada en la acera, sola, pareces ideal, ¡tu aura es tan amigable!, ¡eres tan cautivadora!, paso a tu lado, sólo a centímetros de tu silueta, no hay palabras, sigo mi camino. Pasa un lapso de tiempo similar a quince minutos terrestres, entonces vuelvo del lugar al que había ido, vuelvo a pasar, vuelvo a observarte, tú me miras también, el silencio se apodera de mí y sólo siento deseos de huir de mi cobardía, sigo caminando, me pierdo en la niebla, sé que te volveré a ver, no quiero pensar en aquel momento. Despierto al día siguiente, he permanecido en mi cama toda la madrugada, creo que todo fue un sueño. No tardaré en darme cuenta de que, efectivamente, una vez más, no tuve el coraje para decirte lo que siento por ti.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LA MAGIA QUE NOS UNE

La noche canta su medianía,
Mientras las aves guardan silencio,
La oscuridad, sin embargo, no me toca,
Estoy entre cuatro murallas y un techo
Y estoy sentado, casi por capricho,
Rodeado de muchos metales abstractos
Esperando, simplemente esperando
Tu presencia en algún lugar lejano,
Y así es, te veo y te toco sin que estés,
Parece magia, pero para muchos es obvio,
Y somos magia, cotidiana y comercial,
Magia que hemos asumido como necesidad.
Es casi la madrugada, y te observo sin verte,
Desde algún lugar compartes lo mío,
Lo haces tuyo, amistad que se vuelve forzada,
Y así de simple, eres mi amiga y yo soy tu amigo

Así, nuestra magia mediocre,
Une seres humanos fácilmente,
Forma comunidades que buscan un sentido,
Convirtiéndonos en letras vivientes.
He visto magos con su magia,
Recorriendo calles en vehículos ajenos,
Recibiendo sueldos aceptables,
Haciéndonos creer que la magia es descifrable.

Sin embargo, somos felices así,
No queremos más respuestas,
Nos divertimos, no sufrimos hambre,
No entendemos la magia, no deseamos entenderla.
Yo sólo sé que esta magia nos une,
Que es una línea que intercepta dos puntos,
Sólo sé que la magia me acerca a ti,
Ya la acepto, porque nos permite estar juntos.

Tres Novelas

Tres novelas tengo en mente,
en papel quiero plasmarlas,
pero el dolor es frecuente
y me apuñala la nostalgia,
Tres novelas tengo en mente
y todas hablan de ti,
cuando te amé de repente
y cuando por fin te perdí.

La primera es un retrato
de cuando te conocí
hacia el final de ese verano,
cuando comencé a vivir.
¿Recuerdas esas tardes largas
de ese hermoso mes de Abril?,
esas, cuando yo te cortejaba
y te largabas a reir.
¿Recuerdas las calles vacías?
¿Tus labios color rojo carmesí?
Cuando el mundo nos parecía
tan aburrido, tan cenil.

La segunda es muy intensa
y no hay mucho que explicar,
ahí tú eres la más bella
y todo es felicidad,
habla de nuestro mejor tiempo,
mar de superficialidad;
habla de noches sin aliento
y tardes de amor sin par.
Habla de todo un sentimiento,
de mi alegría y de tu paz,
habla de lo que yo aún siento,
pero tú no quisiste más.

La tercera es hecatombe,
muerte lenta del amor,
corazón que sangra a borbotones,
almas que caen en desazón,
desaires, engaños, traiciones,
que debilitaron nuestra unión,
la indiferencia, que todo lo corroe,
llegó a nosotros, con ritmo aturdidor.
Así, luego de muchas decepciones,
me quedé sin tu calor,
y tu ausencia, que sólo me indispone,
me deja solo en este mundo, ya sin ningún valor.

Día de Ceniza

Doscientas almas inocentes hoy no se levantaron,
todo por el capricho de un hombre alborotado.
Hoy es día de ceniza, llueve vino de burdel,
una onda expansiva de odio convierte huesos en piel.

Dos mil almas inocentes hoy no pudieron saludarse,
todo por el capricho de convertir la guerra en arte.
Hoy es día de ceniza, el grito de paz es ahogado,
yo quiero olvidar todo eso, traeme otro par de tragos.

Veinte mil almas inocentes hoy no pudieron reir,
todo por el capricho de un hombre avaro y ruin.
Hoy es día de ceniza, que en paz descanse los justos,
los vivos que pidan justicia, que el mundo se vista de luto.

Doscientas mil almas inocentes hoy no pudieron amar,
y todo por el capricho de un trozo de tierra más.
Hoy es día de ceniza, no repitas ese error,
que el olvido no borre el recuerdo, que los culpables pidan perdón.

martes, 16 de septiembre de 2008

PRIORIDADES

En un día soleado, Manuel se encaminaba al paradero, donde se subiría al bus que cada día lo dejaba en su colegio. Caminaba, mirando hacia abajo, nunca alzaba la vista, nada tenía sentido, toda su mente era ocupada por pensamientos agobiantes, terribles: “No he estudiado para la interrogación”; “Qué mierda hago para no llegar atrasado otra vez”; “¿Qué le habrá dicho de mí el profesor a la orientadora?”; “Le debo 4 gambas al Diego”; “Ese rojo en Inglés me va a cagar el año”…Y así empezaba Manuel a adentrarse en nuestro sistema de sociedad, lleno de competitividad, rencor, presión y excesos. Cada preocupación excedía a la anterior y así, Manuel podía sudar pensando calamidades durante los embotellamientos que se formaban en la Avenida Principal, mas, de pronto, cuando llegaba al paradero, en ese día, caluroso, que parecía otro más, la vio: Santo milagro que llegaba a romper su sucia rutina, Doncella hermosa que luce de pie, con humildad y rotunda belleza; ella volteó y le dedicó una sonrisa, y Manuel la miró a los ojos, maravillado. Estuvieron así un par de minutos benditos, hasta que llegó un bus, a Manuel no le servía, pero a ella sí, entonces abordó el bus; Manuel la observaba fijamente, aún cuando ella se había sentado en el interior del vehículo. Cuando el bus partía con rumbo al Norte, ella lo miró y sonrió con expresión pura, inocente, casi infantil. Manuel la vio alejarse y pensó casi automáticamente, sin quererlo, sin procesar palabras: “Es el ser más hermoso que he visto, su rostro es la perfección, deseo verla, algún día le hablaré, viviré por ella, lucharé por formar parte de su vida, agradezco al mundo el haberme permitido descubrirla, no desaprovecharé la preciosa oportunidad que se me ha dado.”. Sus facciones lucían brillantes, su rostro inerte se volvió todo un emblema de alegría y convicción. Intentó concentrarse en algo, salir de su aturdimiento, entonces leyó la publicidad lateral de un bus que pasaba por el lado opuesto de la calle: “Quinto Congreso de Biología en Santiago. Los más afamados científicos te esperan, ¡no faltes!”. De súbito su rostro palideció y su felicidad pasó a ser algo parecido a la amargura; exclamo en su mente como león enjaulado: “¡Por la chucha!, ¡No terminé la guía de Biología!, ¡Puta que soy huevón!, ¿Qué hago?, ¡El viejo me va a poner un dos!..."

Contra el Tiempo

Al final, no fue tan fácil,
Como lo decían mis sueños.
Al final no eres la misma,
Aunque yo te siga queriendo.
Al final, tu memoria es frágil
Y el olvido fue mellando tus recuerdos.
Al final no removí los cimientos de tu vida,
Olvidé que, al final, el Tiempo sigue siendo el Tiempo.

Deseo abrir un vórtex, ir al pasado,
Dejar todo esto, como un futuro abortado,
Porque si guardé silencio fue por ti
Y en silencio me olvidaste, en silencio te perdí.
Al final, no fue tan fácil decir “Pasado pisado”.
Al final, no fue tan fácil “Olvidarse y vivir”.


¿Por qué me es tan difícil madurar?
¿Por qué me es tan difícil encontrar un recuerdo feliz?
Nunca te pedí más que tu amistad
Aunque algo más sentí por ti,
Y ¿hay algo peor que el amor no correspondido?
Sí, el amor que ha sido silenciado,
Peor que eso, lejos del amor haberme ido,
Y aún peor, que el objeto de mi amor me haya olvidado,
Peor para mí, que haya sido por mi culpa,
Peor para mí, volver y haberte hablado,
Sentir el maldito impulso a pedir disculpas,
Sentirme mal por haberte dejado,
Por haberte amado intensamente
Y que no te hayas enterado,
Por haberte perseguido, cual demente,
Por ser el protagonista y sentirme actor secundario.

Por todo esto, maldigo el paso del Tiempo,
Porque no hay cura para el daño que me ha hecho,
Porque es inerte, porque es cambiante,
Por que es fuerte e irreparable,
Su indiferencia me hiere
Y a lo lejos, me mira con desprecio,
Con aire altanero, correrá siempre.
Porque al final, no hay final, el tiempo sigue corriendo